Ella imagina...

lunes, julio 30, 2007

el rey pescador



Son las diez, de un día que no sé, en un mes que no recuerdo
La sombra borrosa de la muchedumbre no dejaba de transitar por los pasillos de la estación; maletines por la derecha, zapatos de tacón que suben las escaleras de enfrente, botas que parecen quietas, deportivas por la izquierda… ¿a dónde irán con tantas prisas? Hace tiempo que no tengo ninguna. Tener, tener. Tenía frío. Mucho frío. Las manos, ennegrecidas, me temblaban escondidas entre la manta tumbado en el pasillo de la estación. Las palabras eran ranas que saltaban por el papel. Apenas podía escribir. Necesitaba algo que adormeciera el frío. No encontraba el vino. No lo veía. Joder, ¿dónde se habrá metido?. Esta mañana tomé unos tragos. ¡Bandido, sal de tu escondite! Apareció el fornido vigilante de la estación, me levantó y me dijo que me fuera de la estación, que no quería volver a verme más. Le contesté que se tranquilizara, que ya me iba, que me marchaba por voluntad propia, porque ni él ni veinte como él conseguirían echarme de la vieja estación de ferrocarril. Acaban de dar las diez y todavía tengo que buscar un lugar para dormir entre el aliento del frío. ¿Dónde habrá una cabina telefónica?

Tócala, de nuevo, Sam
No sabía qué hora era, ni aproximada ni con exactitud, pero tenía todo el tiempo para no averiguarla, a pesar de mi fascinación por coleccionar relojes rotos. No sabía dónde estaba ni qué hacía aquel perro tumbado a mi lado. Le llamé Sam y entonces, ladró. Le dije – Soy Pedro – Y de nuevo ladró, mientras le acariciaba el lomo. ¿Sam, no habrás visto alguna cabina telefónica? Y volvió a ladrar.

Enero de un año equis, a la hora zeta
Hoy he ganado 7 euros por la venta de pañuelos en el semáforo de la salida del centro comercial. Y he anotado con el número 17, un nuevo comportamiento del conductor cuando uno de los nuestros se acerca a la ventanilla para ofrecer los cleenex. De los 7, me quedan 1,20. No, no es una moneda de 50. 1 más 50. Me he gastado 2 en un bocadillo de calamares. Otros 2,20 en un paquete de tabaco. Más 1 en el vino. Sam me lleva por allí a buscar una cabina y cuando la encontremos llamaremos al Presidente del Gobierno.

En cualquier momento de un día
Vinieron otra vez. Siempre llegan sin avisar. Me atacaban y me golpeaban. No podía defenderme de todos. Eran innumerables con sus capas negras montados en sus caballos negros. Gritaba y peleaba para que no me la quitaran. No vais a robarme nada. Dejadme! Iros malditos, Fuera! Es mío! Dejarme! Soltarme! Iros malvados!. Lanzaba golpes y puñetazos contra todos. Sus carcajadas estridentes, enseñándome sus mandíbulas, hacían que mis oídos estuvieran a punto de estallar, pero seguía dando porrazos, hasta que caí agotado y derrotado en medio de una calle, en la que no había cabinas telefónicas.

Menos tres grado bajo cero
He visto en letras rojas. - 3 Pero estoy contento. Esta tarde he encontrado, entre los cubos de basura del supermercado, unos yogures aplastados, pan caducado, un bote de leche golpeado, una par de latas rotas y un carrito abandonado. Estoy más feliz que un villancico y detesto los villancicos. He metido la manta y los cartones junto con las bolsas blancas dentro del carro y he tenido que regular el tráfico para cruzar al otro lado de la calle mientras sonaba algún claxon al que Sam ladraba, y me he preguntado si los del tráfico estarán desmontando las cabinas telefónicas.

Un dudoso día
En la bodeguilla este domingo, le pregunté a Juan, ¿porqué hay tan pocas mujeres vagabundas? Se quedó pensativo. Al cabo de un rato añadió; No sé. Su respuesta me dejó más preocupado. Juan siempre resuelve mis interrogantes existenciales. Entre trago y trago, le conté la desaparición de cabinas telefónicas acristaladas de las vías públicas. Y no recuerdo lo que me contó.

Último día
Hoy he decidido poner fin a este diario. Sin más ni más. Y desaparecerá como las cabinas de teléfonos.

2 Comments:

Blogger Ideas said...

Desaparecerá como la mayoria de nosotros.. un día sin avisar, se cerraran nuestros parpados y nuestro nombre se borrara de algun registro.. Tal vez ni siquiera ya somos, aunque nuestro corazón siga latiendo...

9:18 a. m.  
Blogger IGNACIO said...

Vaya no solo pones fin al diario, si no que además arrastras las cabinas telefónicas.

¿Ahora como te llamo a la estación?

Besos.

5:52 p. m.  

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